CAMBIO DE POLOS
La evolución del hombre ha sido, desde el inicio de los tiempos una constante de desarrollo de la inteligencia a base de prueba y error, y del sentido de la propiedad. Según la teoría neoclásica, el hombre-económico es la culminación de ese proceso mostrando comportamiento racional ante estímulos económicos, siendo capaz de procesar adecuadamente la información conocida y actuar en consecuencia, con coherencia.
A lo largo de la historia, con afán de superación y ambición de poder y riqueza, se sucedieron a nivel general ambiciosas campañas de conquista. Se establecieron las bases de la economía moderna desde las relaciones de los estados conquistadores con sus colonias hasta perfilar la herencia del Centro y la Periferia, de Norte y Sur, modelos económicos antagónicos y dependientes, donde el aprovechamiento de uno supone la supervivencia del otro.
Pero no contentos con esos mecanismos enriquecedores del comercio y explotación de productos y mano de obra, el hombre-económico diseñó nuevos mecanismos financieros potenciadores de la riqueza. En resumen, se creó una Teoría del Valor basada en asignar un valor específico a las cosas (productos físicos o títulos representativos), que responden a estímulos e informaciones más o menos favorables o certeras, de modo que dejan de tener el valor propio real, pasando a percibir un valor percibido, mayor o menor.. pero distinto, según especulación de supuestos entendidos o fruto de la oferta y la demanda. De tal manera que la economía se compone de elementos con valores ficticios con los que se negocia y comercializa a escalas crecientes y en entornos de bonanza económica: la especulación alcanza cotas desorbitadas.
Desgraciadamente, el clima de incertidumbre y riesgo ha propiciado la ruptura de un sistema económico frágil, basado en el "aire", en el valor de lo que no lo tiene y ha supuesto un escenario de Crisis por llevar al extremo el abuso de la creación de riqueza especulativa. Las tensiones han roto un equilibrio ficticio, desmoronando una estructura insostenible.
En la actualidad, estamos viviendo una nueva realidad con el empobrecimiento de estados desarrollados contrastado con el crecimiento y la emergencia de nuevas potencias ex-periferia (caso de Latinoamérica y China). En España, con un 25% de inactividad de la población activa, el Estado deja de ingresar en sus arcas los impuestos de sus contribuyentes y de aquellas empresas que han quebrado o sostienen pérdidas. Es un momento de reflexión sobre la aplicación de fondos del pasado, en inversiones improductivas y sin lógica económica ni viabilidad. La euforia de la administración ha sembrado un panorama de infraestructuras no sostenibles que terminan por cerrarse, abandonarse o sencillamente no terminadas, que son objeto de pillaje y que originan un mercado secundario, en economía sumergida e ilegal, que a su vez supone costes de control.
Los países emergentes están absorbiendo nuevos flujos de dinero y trabajo y se constituyen como los nuevos focos de desarrollo, crecimiento y poder económico. Se trasladan capitales de Norte a Sur en forma de inversiones extranjeras y también mano de obra expulsada del sistema ex-centro estancado. La ironía, girando la tortilla, vendría en un supuesto de establecimiento de barreras a la entrada de gente (los nuevos "inmigrantes") mediante solicitud de visados o la necesidad de reconocimiento de titulaciones extranjeras presumiblemente no adecuadas.
Los nuevos polos o ejes económicos mundiales se centran en los países del Sur, no sólo por la demanda que genera, sino por el crecimiento poblacional debido a altas tasas de natalidad, baja mortalidad y evolución sanitaria.
A escala mundial, las estimaciones más realistas prevén duplicar la población global en 150 años (las más exageradas estiman triplicarla o cuadruplicarla). De cualquier modo, es evidente que pueden presentarse nuevos escenarios económicos, nuevas relaciones comerciales y nuevas necesidades de producción y abastecimiento, tanto en alimentación como en infraestructuras, transporte y vivienda, con todo el dinamismo que conlleva. Y pensar que las economías hoy más desfavorecidas tienen un potencial de crecimiento es tomar conciencia de la realidad que es actualidad: nuevas relaciones comerciales favorecidas por tratados de libre comercio, sinergias, exportación de capitales y nuevos establecimientos y sorprendentemente, nuevos tratados Sur-Sur. Y esto ya está pasando.
Se constata un nuevo orden mundial, un cambio de flujos de poder y de influencia, nuevos focos y tejidos productivos con know-how heredado, infraestructuras punteras y copia de modelos exitosos (evitando "laboratorios" de fallo), aparición de nuevos mercados y necesidades, nuevos mecanismos de control, migraciones e incluso cambios culturales.
